-Buenos días, señor. Madruga usted -dijo el hombre del mostrador.
-No madrugo; trasnocho -le contesté.
El hombre siguió con su faena: colocaba en la superficie del mostrador una doble hilera de platillos. Sobre cada platillo, un tazón y una cuchara.
-¿Le sirvo la cena o el desayuno?
-Un bocadillo de lo que tenga y un café con leche.
-Tendrá que aguardar. El café no está hecho. Siéntese y descanse, parece fatigado -dijo el hombre del mostrador.

domingo, 12 de febrero de 2012

Desayunos de Domingo

Volví  correr las cortinas, tomé mi bastón y mi sombrero y bajé al comedor. Las cristaleras estaban abiertas de par en par y algunas personas ocupaban las mesas de la terraza. Sólo unos viejecitos preferían tomar el sol en el interior, cobijados del aire que resultaba fresco y hasta doloroso por su increíble pureza. Una brisa intermitente mecía los arbolillos del parque.
-¿Desea desayunar el señor?- me preguntó un camarero.
-Si, por favor.
-¿Chocolate, café  o té?
-Café con leche, si el café es bueno.
-Excelente señor. ¿El señor desea croissant, tostadas o bollería fina?
-Un poco de todo.
-¿Desayunará solo el señor o sirvo también el desayuno de la señora?
-Solo el mío...No, aguarde, traiga lo mismo para la señora

1 comentario:

  1. ...Has empezado un blog??que guay!!lo apuntare a mi lista de favoritos!!animo y dale vidilla al formato, con alguna foto chula o algo!!... ;) bisous!!

    ResponderEliminar